BEBO VALDÉS: EL EXILIO DE UN MITO

Siempre me había intrigado la salida de Cuba de Bebo Valdés y su desaparición de la escena musical, hasta que lo volvimos a ver gracias a Fernando Trueba en Calle 54 y de ahí en adelante su resurgimiento cual estrella del Buena Vista Social Club. Para esclarecer nuestra duda aparece este artículo del magazine del periódico El mundo de España, el cual transcribimos para satisfacer la curiosidad del melómano inquieto.
Bebo fue además objeto de claras amenazas: «Cuando me fui, ya me habían amenazado con 20 años de cárcel, como hicieron con muchos amigos. Mira, aquí damos paredón a cualquiera, eso era lo que te decían los que iban vestidos de paisano, que tenían mucho que ver. Un día fui a una transmisión a la radio, y al entrar me ponen la metralleta y me dicen: ‘Tú no puedes entrar’. Y digo: ‘Pero, mi orquesta toca a las siete…’. Y responden: ‘Aquí la única persona que no está integrada eres tú’. Ésa era la palabra. Y tenías que ir a donde te mandara el miliciano, y hacer lo que te dijera. Yo estaba muy mal visto. Los mejores amigos, yo no los critico y los quiero, pero se quedaron. Así que paredón y 20 años de cárcel, y entonces llamé a Reiter [Frederick Reiter, productor, representante y amigo de Bebo] y lo preparé todo para irme. No se lo dije a nadie, ni a mi orquesta ni a mi hijo. No podía».

Para Bebo el final llegó después de un mitin al que asistió una gran multitud en La Habana en 1960: «Un día vino a casa un capitán de la guardia revolucionaria. Quería que yo le acompañase a la plaza, donde Castro estaba dando un discurso. Le pregunté si habría música y me contestó que Castro era música. Me exigían que me afiliara al Partido. Mi libertad de movimiento se estaba disminuyendo».

Uno de los propósitos del mitin era demostrar al mundo el enorme apoyo popular que tenía el nuevo régimen. Se habían propuesto como meta reunir a un millón de personas, meta inalcanzable sólo con bellas promesas; había que presionar. Los autocares partían de la sede de Radio Progreso para llevar a los empleados a la Plaza Cívica. El mitin coincidía con uno de los dos días libres de Bebo y él no tenía la más remota intención de ponerse a disposición de la revolución; la política no le interesaba.

La negativa de Bebo se saldó con una dura reprimenda por parte del nuevo director de Radio Progreso, un nombramiento político. Bebo percibía que la hora de partir se estaba acercando. Debía irse. «No tengo nada en contra del pueblo cubano, de los cubanos. Tenía sólo un problema. Siempre he dicho lo mismo. No me gusta el régimen y punto. No digo que sea bueno ni malo, sólo que no me gusta».

El 26 de octubre de 1960, Bebo Valdés abandonó Cuba en compañía de Rolando Laserie y Tita, la esposa de éste. Pilar, su mujer, y Raúl, su hijo, les llevaron al aeropuerto. La versión oficial era que Bebo y Rolando viajaban «para cumplir un contrato en México», un contrato que no existía. «Bebo dijo que tenía una gira por México con Laserie y Pío Leiva. Iba a estar un tiempo en México, hasta diciembre. Eso fue lo que me dijo», asegura [su hijo] Chucho. Antes de irse, Bebo tuvo que firmar un documento en el que decía «que viva la Revolución». «Yo lo firmé, qué iba a hacer. Si no firmo no me voy. Me registraron de arriba abajo. Si hubiera llevado un peso cubano tampoco me hubiera ido».

Así que Bebo llegó a México sin un peso en el bolsillo. Sólo se trataba de marcharse. «Pero una vez allí nos hacían un contrato». Bebo y Rolando empezaron en La Terraza Casino. Juraron solemnemente que no regresarían jamás a Cuba y rompieron sus pasajes de vuelta con la Compañía Cubana de Aviación. «Yo fui uno de los primeros músicos que se fueron de Cuba. Fue difícil pero inevitable. Abandonar a tus hijos y abandonar tu casa con un contrato incierto y sabiendo que no podías volver más a tu tierra. Hice como Cortés en Veracruz cuando quemó las naves… Me dijeron bien: ‘O te vas o vas preso o te fusilamos. O estás con nosotros o no estás’. Yo tuve que escoger. Mi padre me dio un abrazo y me dijo que no le iba a ver más. No lo vi más. La última vez que habló conmigo, en 1977, mi mamá dijo que aunque olvidara nunca olvidara lo que fue mi padre y lo que yo fui… Yo sabía que todo lo iba a perder pero si tuviera que tomar una decisión de nuevo tomaría la misma decisión, y nada me remordería» [...].

Los Lecuona Cuban Boys [grupo al que Bebo se había incorporado en 1962 estando en España] llegaron a Suecia el 17 de abril de 1963. Habían sido contratados por Ove Hahn, el jefe artístico de Gröna Lund, el parque de atracciones más antiguo de Suecia y el número dos en cuanto a visitantes y extensión. Con cuatro orquestas activas al mismo tiempo, era un lugar que ofrecía amplias oportunidades de trabajo a los músicos. Como empleador de músicos en Suecia sólo lo superaba Radio de Suecia. Gröna Lund fue construido en 1883. Al principio fue un proyecto de aspiraciones muy modestas, pero con el transcurso de los años la actividad se expandió. Los años 30 fueron una época de prosperidad. Los negocios marchaban bien y la empresa se consolidaba. La elite del jazz sueco tocaba regularmente en sus pistas de baile.

Los espectáculos de Gröna Lund, que continuaron con éxito durante la guerra, pronto dejaron de tenerlo. Alrededor de 1960, cuando la empresa estaba prácticamente al borde de la quiebra, un cambio generacional en la dirección del parque llevó a la modernización de las actividades, a una ofensiva publicitaria dirigida por un jefe de publicidad de 25 años y a una oferta de actuaciones de gente de fama mundial lanzada por un director artístico de 26 años, Ove Hahn. Estos cambios anunciaron una nueva era dorada. Louis Armstrong, Count Basie y Duke Ellington actuaban allí con frecuencia y, al acabar los conciertos, el público de Gröna Lund podía bailar al son de sus orquestas. Uno de los establecimientos más importantes del parque era el restaurante Tyrol […].

En el Tyrol, la orquesta tocaba entre las ocho y las 12 de la noche. El contrato original era de dos semanas, pero una vez más los cubanos tuvieron mucho éxito, incluso cuando tocaron para la familia real de Suecia, y el contrato se prolongó durante bastante más tiempo. La banda actuó también en Gotemburgo para el vicepresidente de EEUU, Lyndon Johnson, que estaba de visita allí. El mismo Bebo estaba muy impresionado [...].

Según Ove Hahn, la visita de los Lecuona Cuban Boys en 1963 «fue una de las actuaciones más memorables que se dieron en Gröna Lund. Había muchos caballeros apuestos en la orquesta, y eso implicaba que hubiera muchas damas en el público, lo que a su vez implicaba que numerosos chicos vinieran a Tyrol para ligarse a las chicas que venían a ver a los músicos. De allí el gran éxito. En el sentido literal de la palabra se veía a la orquesta. Un número que fascinaba a todo el mundo era uno de esos de Lecuona cuando todos los músicos tocaban las maracas. Apagaban las luces. Todas las maracas estaban provistas de bombillas, de manera que lo único que se veía eran las maracas moviéndose en la oscuridad. Toda la música que se tocaba era de muy buen gusto. La música de Lecuona es exquisita, es decir, que se contaba con un buen repertorio. Y cuando Bebo llegó a ser arreglista todo estuvo muy logrado. Además era un pianista solista muy destacado y tenía unos números para poder lucirse, unos verdaderos números de show-off».

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